‘Memoria, necesidad y urgencia’

Quedó atrás el 2016; año tan raro, tan ambiguo y tan incómodo. Se llevó -entre muchos- a Bowie, a Alí, a Fidel y nos dejó al President Trump, al Brexit, etc. Con respecto a los asuntos públicos, en México no hubo novedades: continuaron las pifias en el gobierno, no se frenó la inseguridad, y siguen en lento aumento el precio del dólar frente al peso así como el enojo social frente a la clase gobernante. Noto, con gusto, que poco a poco la gente comienza a demostrar un descontento que antes no mostraba. El avance en el uso de las plataformas informáticas en nuestro país ha traído como consecuencia la llegada de un factor que antes no existía: el de la información rápida y variada. No es coincidencia, por ejemplo, que las acciones bursátiles de Televisa hayan perdido casi la mitad de su valor en dos años; la gente consume información de diferentes fuentes y ya no le cree a los medios informativos tradicionales.

En este sentido, al estar la población -principalmente entre los 15 y los 35 años- más y mejor informada que antes, inevitablemente se ha ido percatando de lo precarias que son las condiciones del país. No se necesita mucho poder intelectual para unir los puntos y llegar a conclusiones desalentadoras. Esto, a su vez, nos debería llevar a desarrollar el principal motor para cualquier tipo de movilización, ya sea individual u organizada: el sentido de necesidad y/o de urgencia. Sólo con esos sentimientos actuará alguien en determinado sentido, para obtener determinado resultado. En mi última conversación con Noam Chomsky, discutimos el tema de la correlación entre el sistema educativo quebrado en México y la gran ignorancia política de los habitantes de nuestro país. “En la medida en la que la gente que controla al país pueda mantener a una masa de decenas de millones en la oscuridad, ignorante, distraída… podrán hacer lo que quieran.’’ Es cierto, las generaciones que tienen una formación escolar mediocre (que no les desarrolló sus habilidades de pensamiento crítico) difícilmente podrá utilizar a su favor, el gran caudal informativo hallado en internet. Por ejemplo, no es coincidencia que millones de mexicanos se hayan entretenido recientemente con el “fenómeno’’ de la quinceañera de una tal Rubí. Sin embargo, se está avanzando.

Esto, para concluir, me lleva a dos puntos fundamentales: la memoria y la participación. No podemos seguir en esta dinámica surrealista en la cual se nos aparecen candidatos y -como por arte de magia- se nos olvida que se trata (en su gran mayoría) de figuras desposeídas de ideas y clase, y con desempeños burocráticos mediocres. La amnesia nos lleva a olvidar lo que en otras elecciones ya nos habían prometido y que por supuesto no cumplieron. En la medida en la que sigamos incapacitados para recordar, para conectar el ayer con el presente, estaremos impedidos de construir un futuro más digno y más próspero. Por otro lado, veo con mucho pesar que este 2017 será un año muy adverso para las familias mexicanas… y el nivel de nuestros políticos está muy lejos de dar el ancho para enfrentar el reto con aplomo. La conciencia de saber qué es lo que nos pasa, por qué nos pasa, qué y quiénes son parte del problema debe de empujarnos a reaccionar… y esto nos debe llevar a la participación. De nuevo: sentimiento de necesidad o urgencia. A mediados de este año, en plena crisis financiera, institucional, de seguridad, etc. van a intoxicarnos con publicidad los precandidatos que quieran suceder a Peña Nieto. Y más de uno pensaremos ¿cómo llegó nuestro país a tener estos ‘liderazgos’? Alcaldes, gobernadores, congresistas, secretarios, presidente, etc. Creo que es porque así lo decidimos quienes no tuvimos memoria, o que teniéndola, decidimos dejar en manos de esta ‘clase’ nuestro destino y el de nuestras familias. Necesidad y urgencia; yo creo que ahí están. Hay que involucrarse.

Trato de actuar como pienso. Trabajo en el diseño y ejecución de políticas públicas. #CREAMOSMéxico

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