La madre de las crisis (o los alquimistas en el gobierno)

Hace unos días retorné del estado de Quintana Roo. Atendí la invitación de la presidenta municipal de Cozumel para conocer los retos más sensibles que enfrenta la entidad. No han sido los huracanes propios del Caribe los que más han dañado al puerto, sino la increíble irresponsabilidad, avaricia e ineptitud de la última administración local y estatal.

Ese paradisiaco destino turístico, que recibe más cruceros que ningún otro puerto en América Latina, que no tiene ni noventa mil habitantes, ha generado una deuda pública de mil millones de pesos. Para trazar paralelismos: por ejemplo, cuando López Caballero inició su gestión como alcalde en Hermosillo, frente a los medios señaló que su antecesor llevó la deuda municipal, de 500 millones a 1,250 millones de pesos. Es harina de otro costal el análisis de cómo se generó eso; el caso es que Hermosillo tiene diez veces más población y es veinte veces más grande que Cozumel, pero el gobierno isleño generó una deuda similar a la nuestra. Estábamos en la sala de juntas del ayuntamiento, la alcaldesa, sus directores y yo. Hay en esa área un gran ventanal, cuya vista le permite a uno mirar la plaza, el malecón y los providenciales tonos del Caribe. Mientras cada encargado de área iba enunciando los principales saqueos, de pronto me encontré con la mirada perdida en el mar. No podía descifrar cómo un lugar así pudo ser azotado por gente tan torpe, tan vanidosa y con esa voracidad animal por el dinero. El desvío de recursos públicos o el robo al erario casi siempre va acompañado de dos cualidades en los gobernantes: la opacidad y la ineptitud.

Volando de regreso a Sonora y pensando en el gran escenario adverso de Cozumel, es que recordé a Hermosillo. El problema que más alarma a los de la capital sonorense es el de la inseguridad. Durante los primeros meses, este cáncer fue creciendo y creciendo. El ayuntamiento le apostó a las grandes ruedas de prensa, a los boletines que hablaban de grandes estrategias y a la posterior declaración de que los índices delictivos iban a la baja, que se tenían más detenidos que nunca, etc. Al poco tiempo era indiscutible que no había ni estrategia ni resultados. Aún cuando los medios tradicionales de comunicación no exponían con claridad lo delicado de la situación, se formó un tsunami de malestar en redes sociales. Ya con el timón descontrolado, a alguien se le ocurrió la lamentable idea de la página “Infraganti“. Del autoaplauso de hace unos meses, se pasó al reemplazo de mandos de hace unas semanas.

En Quintana Roo se hicieron grandes negocios al amparo del poder político, lo que desgastó enormemente a la sociedad y a la economía. Todo siempre bajo las premisas del autoengaño, el autoelogio, la opacidad y la ineptitud en las cabezas de gobierno. Hoy, en Hermosillo, se discute -gracias al empuje ciudadano- la intención de concesionar o no los servicios de alumbrado público. Varios expertos señalan que la red se descuidó para que se llegara a este punto, e incluso, con números en mano, indican una serie de alternativas que impedirían que la incapacidad gubernamental se convierta en riqueza privada y en deuda social. Me cuesta mucho trabajo no recordar el manejo que se le ha dado al asunto de la seguridad, cuando se trata de “venderle“ a la ciudadanía la necesidad de concesionar el alumbrado público. Parece que pocos recuerdan que en la administración pasada se sustituyeron 53 mil luminarias, en inversión millonaria, y se dijo que esto representaría un ahorro mensual de 800 mil pesos por la gran eficiencia de las mismas. ¿Entonces? Nuestro avance como sociedad tiene una correlación directa con el nivel del debate que inicien sus ciudadanos. Entre más informados estén, más se le cerrará la puerta al negocio en lo oscurito. En toda sociedad, la falta de transparencia y la escasez de ideas en la burocracia tienen que ser enfrentadas con diálogo de altura, con datos y con mucha participación social. De lo contrario, seguiremos ciclados en nuestras crisis, y la madre de todas ellas, es la falta de capacidad para querer superarlas.

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Trato de actuar como pienso. Trabajo en el diseño y ejecución de políticas públicas. #CREAMOSMéxico

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Jesús M. Acuña Méndez

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